Los bancos centrales acumulan oro, Bitcoin gana tracción
Mientras los bancos centrales multiplican las compras de oro en un contexto económico incierto, Deutsche Bank traza un paralelismo sin precedentes con bitcoin. En un informe publicado, el banco alemán destaca dinámicas comunes entre estos dos activos tradicionalmente opuestos. Este análisis pone en cuestión el lugar que bitcoin podría ocupar en las reservas oficiales a mediano plazo.
En resumen
- Los bancos centrales están incrementando drásticamente sus compras de oro, alcanzando un nivel sin precedentes desde la década de 1990.
- Deutsche Bank señala que el oro ahora representa el 24 % de las reservas oficiales, en comparación con un promedio mucho menor durante la última década.
- Esta fiebre del oro refleja una pérdida de confianza en las monedas fiduciarias y un regreso a los activos tangibles.
- Bitcoin, al igual que el oro, muestra una baja correlación con los activos tradicionales y una volatilidad decreciente.
El oro recupera un papel central en las estrategias de los bancos centrales
Mientras el oro y bitcoin alcanzan máximos históricos, Deutsche Bank revela en su último informe “Gold’s reign, Bitcoin’s rise” que la proporción del metal precioso en las reservas oficiales de los bancos centrales llegó al 24 % en el segundo trimestre de este año, su nivel más alto desde la década de 1990.
Este nivel refleja un cambio estratégico importante en la gestión de los activos de reserva. Los analistas del banco señalan que la demanda oficial de oro ahora crece a un ritmo “dos veces superior al promedio del período 2011–2021“.
Más que un repunte cíclico, esta dinámica se interpreta como el regreso del oro al centro de las lógicas de soberanía financiera. El informe especifica que “la renovada acumulación de oro marca un punto de inflexión importante en las finanzas globales, evocando comportamientos observados durante gran parte del siglo XX“.
Este resurgimiento del oro ocurre incluso cuando el metal amarillo acaba de superar, en términos reales, sus máximos históricos alcanzados en 1980, según ajustes por inflación.
Deutsche Bank identifica varios factores que explican esta evolución tardía y la importancia del momento actual:
- Décadas de ventas masivas por parte de los bancos centrales, especialmente en las décadas de 1990 y 2000, que ayudaron a mantener los precios bajo presión;
- Obligaciones institucionales de desinversión, especialmente para ciertos fondos bajo restricciones regulatorias;
- El efecto duradero de la transición a la era de la moneda fiduciaria, desde el abandono del patrón oro a fines de la década de 1970;
- La pérdida del papel formal del oro como activo de referencia, establecida en 1979 cuando el FMI prohibió a los estados miembros vincular su moneda al oro;
- El regreso gradual de la desconfianza hacia las monedas fiduciarias, amplificado por múltiples crisis monetarias y políticas de expansión monetaria no convencionales.
En resumen, el oro parece estar recuperando una función que no había tenido oficialmente durante más de cuarenta años. Una evolución que, según Deutsche Bank, abre el camino a nuevas interpretaciones de los activos de reserva, incluidos los digitales.
Bitcoin: una trayectoria que capta la atención de las instituciones
En el mismo informe, Marion Laboure, macro-estratega de Deutsche Bank, traza un paralelismo explícito entre las dinámicas del oro y las de Bitcoin. Señala que estos dos activos comparten características principales: “baja correlación con los activos tradicionales, volatilidad históricamente alta, aunque en fuerte descenso para Bitcoin, y un papel como refugio seguro en tiempos de inestabilidad“.
Según ella, estas similitudes podrían allanar el camino para una adopción institucional más amplia, e incluso una posible integración en los balances de los bancos centrales.
Sin embargo, Laboure no minimiza los obstáculos que aún persisten. Reconoce que bitcoin sigue siendo un activo “sin respaldo alguno“, lo que representa una barrera ideológica para muchas instituciones. A esto se suman limitaciones técnicas y económicas, como “uso limitado, alto riesgo percibido, naturaleza especulativa, vulnerabilidades de ciberseguridad y restricciones de liquidez“. A pesar de estas reservas, Deutsche Bank considera plausible que bitcoin y el oro “podrían aparecer ambos en los balances de los bancos centrales para 2030“.
Si esta hipótesis se materializa, significaría la legitimación institucional de bitcoin, pero también una redefinición de los activos de reserva en un mundo cada vez más multipolar. El creciente interés de algunos estados en incluir BTC en sus reservas estratégicas, como lo demuestra la reciente cumbre para avanzar en el proyecto en Estados Unidos, aunque por ahora marginal, podría acelerar esta dinámica.
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