SpaceX ha estado cotizando durante2 meses. Tras su salida a bolsa, existen dos posturas extremas en la comunidad global de inversores sobre el valor de SpaceX. Una se centra en el romanticismo de la colonización de Marte, y la otra adopta una visión más cautelosa respecto a la rentabilidad comercial. Estas dos fuerzas luchan intensamente en los mercados de capital, impulsando así la volatilidad del precio de las acciones de SpaceX.
A corto plazo, es imposible controlar el impacto de las emociones del mercado en el precio de las acciones. Sin embargo, evaluar el valor a largo plazo de SpaceX permite enfocar la atención en unos pocos factores centrales que tienen un efecto duradero y decisivo en la empresa.
En este sentido, la firma de inversión bajo enfoque de crecimiento a largo plazo, Baillie Gifford, tiene mucho que aportar. Baillie Gifford invirtió en SpaceX desde 2018, y hasta ahora ha conseguido más de 10 veces de retorno. Su producto insignia, Scottish Mortgage Trust (SMT), se ha beneficiado enormemente del aumento sostenido en el valor de SpaceX. Debido al fuerte peso en cartera y al rápido incremento de valor, SMT incluso aprobó en abril de 2026 una política de inversión que permite invertir hasta 2.5 mil millones de libras adicionales más allá del límite del 30% de activos no cotizados (en ese momento, SpaceX aún era una empresa privada). Según los últimos datos del segundo trimestre, SpaceX representa ya más del 25% de la tenencia total de SMT en una sola empresa.

¿Cuál es la visión de Baillie Gifford sobre SpaceX? Nos da una perspectiva especialmente valiosa. En una reciente entrevista en profundidad, Baillie Gifford presentó un marco de análisis radicalmente distinto y muy penetrante. Además de revelar el pasado y presente de SpaceX, explicó la lógica interna de su evolución de “concepto de ciencia ficción” a “activo central”, esbozando un ambicioso plan comercial centrado en la infraestructura espacial. Resumimos los puntos clave de la entrevista en dimensiones como cambio cognitivo, valoración, trayectoria de crecimiento, riesgos potenciales y el efecto flywheel, para profundizar en la lógica de inversión y visión futura que Baillie Gifford tiene para SpaceX.
En la filosofía inversora de Baillie Gifford, la comprensión de SpaceX no se logró de la noche a la mañana, sino que se construyó sobre sólidas verificaciones técnicas y una profunda perspicacia económica. El analista Luk Ward, gracias a su formación en ingeniería, estaba muy pendiente de SpaceX incluso antes de su notoriedad. El verdadero punto de inflexión ocurrió en 2015, cuando el cohete Falcon 9 logró por primera vez un aterrizaje vertical con éxito; este momento histórico validó ante el mercado la viabilidad de la tecnología de reutilización parcial e impulsó directamente la decisión de inversión de Baillie Gifford.
Desde la óptica de Baillie Gifford, SpaceX no es simplemente el “centro de costos” tradicional de la industria aeroespacial. Su lógica de inversión fundamental radica en que SpaceX, a través de innovación tecnológica disruptiva,
Aún más interesante es el llamado
Para valorar el potencial comercial de SpaceX, Baillie Gifford recurre a una analogía histórica:
Para obtener ese monopolio, SpaceX rechazó seguir el camino tradicional de la industria espacial, que depende de cadenas de suministro subcontratadas (permeadas de equilibrios políticos y relaciones personales). Gracias a su gran balance y su “lienzo en blanco”, SpaceX integró todas las etapas de la cadena de valor bajo su control directo, logrando una auténtica integración vertical y optimización sistémica. Este modelo genera un potente efecto de flywheel positivo en términos económicos:
La máxima expresión de esta integración vertical y control de costes es la drástica caída del precio por lanzamiento. Desde los aproximadamente 1000 dólares/kilo de la época del Falcon 9, hasta la aspiración futura de Starship de llegar a 100 dólares/kilo o incluso 10 dólares/kilo. Cada orden de magnitud desbloquea mercados comerciales completamente nuevos.
Para Baillie Gifford, el potencial de crecimiento de SpaceX no solo se refleja en el incremento de lanzamientos, sino sobre todo en su continúa habilidad para bajar los costes y así abrir nuevos mercados.Starship no se desarrolla bajo la mentalidad de “ya es suficiente”, sino con el objetivo de habilitar manufactura en el espacio, centros de datos orbitales, minería lunar y laboratorios en órbita.
En las líneas de negocio actuales, el potencial de crecimiento de Starlink sigue siendo enorme. Con el aumento de satélites y la reducción de costes de las antenas, la base de usuarios de Starlink se extenderá desde áreas remotas a las urbanas. Aún más clave es el avance tecnológico del “direct-to-cell”, que permitirá que cualquier dispositivo con una SIM pueda conectarse a la red global, lo que tiene un gran significado comercial en sectores como robótica autónoma, agricultura, minería y emergencias.
Además, Baillie Gifford juzga que la adquisición de xAI (matriz de Grok) por parte de SpaceX, aunque parece una aventura sectorial, es una extensión natural de la innovación en tecnología de cohetes. Los centros de datos de IA se enfrentan a tres grandes fuentes de coste: chips, electricidad y construcción. Las dos últimas ya han alcanzado el límite de la S-curve en la Tierra, lo que dificulta su escalabilidad. En cambio, los centros de datos en el espacio resuelven perfectamente estos cuellos de botella: el espacio garantiza energía solar continua, los satélites pueden fabricarse industrialmente y lanzarse de forma masiva, mientras que el coste de lanzamiento sigue descendiendo gracias a Starship. Aunque la viabilidad económica de la IA espacial es aún debatida, si se extrapolan las curvas de coste de la Tierra al espacio, el centro de datos orbital puede ser más barato, dotando a SpaceX de mayor capacidad de cómputo escalable que cualquier rival.
La experiencia de inversión en SpaceX ha inspirado a Baillie Gifford en otros sectores. Por ejemplo, el avance de SpaceX en lanzamientos de gran porte abrió espacio para empresas menores como Rocket Lab; la demanda de “satélites soberanos exclusivos” no cubierta por Starlink motivó inversiones en Astranis. Incluso aplican la lógica del “flywheel” en su análisis de empresas de tecnología de la construcción.
Ninguna inversión es exitosa si solo considera oportunidades e ignora los riesgos. Baillie Gifford reconoce abiertamente las controversias y riesgos a los que se enfrenta SpaceX. El primero es el retraso en los plazos. Las previsiones de SpaceX suelen ser demasiado optimistas,
El segundo es la posible mala lectura del panorama competitivo. En la entrevista, Baillie reflexiona que pensó que la escala y la rentabilidad de SpaceX atraerían a competidores más consolidados, pero en realidad, aunque han surgido firmas con fondos y experiencia similares, ninguna ha podido igualar su ritmo de innovación en producto y negocio ni crecer al compás de SpaceX. Además, adquisiciones inesperadas de Musk como Twitter y xAI han añadido más complejidad a la inversión.
Desde el punto de vista ingenieril, los centros de datos espaciales se enfrentan a grandes retos como la ventilación térmica, que es más complicada que en la Tierra; estos problemas requieren mayor reflexión técnica. Es más, desde la perspectiva actual,
Recordando la inversión en SpaceX, se pone de manifiesto el estilo nuclear de inversión de Baillie Gifford. Primero está la búsqueda extrema de largo plazo: entrada decidida ocho años antes de la salida a bolsa de SpaceX, dispuestos a basar su evaluación en relaciones privadas sostenidas —en vez de la información limitada ofrecida solo en la ventana del IPO. Segundo, la especialización en inversiones privadas, mediante la observación de la asignación de capital en épocas buenas y malas y la reacción ante el fracaso, incrementando así la confianza en la capacidad directiva.
Además, esta inversión refleja un fuerte enfoque en los fundadores, prefiriendo líderes con gran ambición de crecimiento, dispuestos a pagar una prima por la capacidad de “reimaginar el mercado”. En el análisis, sostienen un pensamiento sistémico, considerando no solo el producto, sino también la capacidad de integración vertical de la empresa. Finalmente, el “efecto flywheel” se ha convertido en su criterio básico al seleccionar nuevos objetivos de inversión, buscando compañías extraordinarias que puedan auto-reforzarse y redefinir fronteras. Esto ofrece un buen modelo para entender el valor a largo plazo de empresas tecnológicas de frontera.
Desde mi punto de vista personal, existen dos aspectos de la lógica inversora que aún no comprendo completamente: la viabilidad de los centros de datos espaciales y la integración de la adquisición de xAI dentro de la lógica de inversión. Tal vez, por esto, en muchas ocasiones nos perdemos a los “disruptores del mundo”.
Fuente: Entrevista en profundidad de Baillie Gifford “SpaceX: past, present, future”, haga clic en “ver artículo original”
