El CTO Emérito de Ripple, David Schwartz, opinó recientemente en una conversación en X, explicando la lógica detrás de los hard forks de Bitcoin en el proceso.
Un usuario en X había cuestionado el valor de un nuevo fork PoW, citando a Bitcoin Cash y la propuesta más reciente BIP-110. Aunque los forks pueden abordar cuestiones “superficiales”, como si una red tiene demasiado o muy poco spam, igual terminan heredando el problema de gobernanza subyacente, argumentó el usuario de X.
“Mi punto acá es que si creés que la cadena antigua fue capturada, ¿en qué ayuda crear un nuevo fork PoW? Sí, tendrá la característica que querías, pero en algún momento, si tu nueva cadena se vuelve súper popular, va a ser capturada nuevamente”, agregó el usuario de X.
La perspectiva de Schwartz sobre un fork PoW es bastante diferente, diciendo que le da a los participantes la posibilidad de elegir entre conjuntos de reglas que compiten.
Esto implica que si los participantes están en fuerte desacuerdo con las reglas de una red existente, un fork puede darles otra opción. Si esa alternativa eventualmente se vuelve más atractiva, los usuarios pueden migrar hacia ella.
El soft fork de Bitcoin enfrenta un revés
El sábado pasado, una nueva cadena minoritaria creada cuando partidarios de BIP-110 se separaron de Bitcoin duró solo dos bloques.
BIP-110, formalmente conocido como Reduced Data Temporary Softfork, fue idea del desarrollador seudónimo Dathon Ohm con contribuciones de Luke Dashjr, creador del software de nodo Bitcoin Knots. Proponía una restricción a nivel de consenso por un año sobre datos arbitrarios en transacciones de Bitcoin. Esto incluía inscripciones Ordinals (la respuesta de Bitcoin a los NFT), BRC-20 y Runes (ambos estándares de tokens fungibles), y OP_RETURN de gran tamaño.
La propuesta contenía siete reglas que limitaban la mayoría de los outputs a 34 bytes, OP_RETURN a 83 bytes, y los data pushes a 256 bytes, además de restricciones en anexos Taproot y bloques de control.

