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El analista más preciso lanza una fuerte predicción: el yen podría caer a 170 frente al dólar el año que viene; la capacidad de las autoridades japonesas para intervenir en el mercado cambiario se ha debilitado notablemente.

El analista más preciso lanza una fuerte predicción: el yen podría caer a 170 frente al dólar el año que viene; la capacidad de las autoridades japonesas para intervenir en el mercado cambiario se ha debilitado notablemente.

智通财经智通财经2026/07/17 02:21
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Por:智通财经

Vikram Murarka, fundador y principal estratega de divisas de Kshitij Consultancy Services, quien ocupa el primer lugar en las predicciones del dólar frente al yen, espera que el yen japonés podría depreciarse el próximo año hasta alcanzar 170 yenes por dólar estadounidense.

Se ha informado en el APP de Inteligencia Financiera de Buenos Aires, que según el ranking más reciente de precisión en las predicciones, Vikram Murarka, fundador y estratega jefe de divisas de Kshitij Consultancy Services, quien lidera la predicción de dólar-yen, estima que el yen podría depreciarse hasta 170 yenes por dólar el próximo año. Este analista se basa fundamentalmente en el análisis técnico, minimizando el impacto de eventos noticiosos en su modelo predictivo.

Murarka afirma que una de sus ventajas es enfocarse en las señales del mercado, en vez de cada comunicado emitido por el Ministerio de Finanzas japonés o la residencia oficial del Primer Ministro. Su escritorio está cubierto de gráficos que rastrean variables como la relación entre el índice Nikkei 225 y el Dow Jones Industrial Average, los diferenciales de tasas de corto plazo, y la fortaleza relativa del yuan frente al yen. Murarka comenta: “No prestamos demasiada atención a las noticias.” Gracias a este enfoque, también logró el segundo puesto en predicción de euro-dólar, “sea cual sea el factor que sigamos, al final debe reflejarse en el gráfico de precios.”

El analista más preciso lanza una fuerte predicción: el yen podría caer a 170 frente al dólar el año que viene; la capacidad de las autoridades japonesas para intervenir en el mercado cambiario se ha debilitado notablemente. image 0

Murarka, quien ha estado operando y pronosticando divisas desde 1991, sostiene que en los últimos años la relación entre los índices Nikkei 225 y Dow Jones Industrial Average tiene la mayor correlación con la evolución del yen.

Admite que no comprende del todo por qué existe esta relación, pero reconoce que ha sido un indicador confiable para prever el comportamiento del yen. Afirma: “Desde 2024, los movimientos dólar-yen se explican mejor por la relación Nikkei-Dow Jones que por el diferencial de rendimiento entre EE.UU. y Japón. Creo que es una correlación poco observada por el mercado.”

A pesar de que el gobierno japonés intervino con un récord de 11,73 billones de yenes (aproximadamente 72,3 mil millones de dólares) entre el 28 de abril y el 27 de mayo para sostener el yen, la debilidad de la moneda sigue siendo pronunciada. Actualmente, la cotización se mantiene cerca de 162,84 yenes por dólar, el nivel más bajo en casi 40 años. El enorme diferencial de tasas entre EE.UU. y Japón y los planes de gasto fiscal masivo liderados por el Primer Ministro Sanae Takaichi continúan presionando al yen.

El Banco de Japón subió la tasa el mes pasado, pero el mercado de swaps de índice nocturno (OIS) muestra que los operadores solo esperan una subida adicional de 25 puntos básicos este año, manteniendo la desventaja de tasas bajas de Japón respecto a otras economías clave. Además, la postura favorable a políticas expansivas de Sanae Takaichi es vista como potencial obstáculo a futuras alzas del Banco de Japón. Murarka concluye: “El escenario base sigue siendo la debilidad del yen.” Y remata: “Entre todos los bancos centrales principales del mundo, creo que el Banco de Japón será el último en adoptar subidas de tasas agresivas.”

Murarka también considera que las operaciones de carry trade seguirán presionando al yen. Esta estrategia consiste en tomar préstamos en yenes a tasas bajas para invertir en activos con mayor rendimiento fuera de Japón. En su escenario más optimista, el yen solo podría apreciarse a unos 154 yenes por dólar a corto plazo. Añade: “170 es un objetivo razonable para el próximo año; si lo supera, podríamos fijar objetivos aún más altos.” Además, advierte que la capacidad del Ministerio de Finanzas japonés para cambiar la dirección del mercado “se ha debilitado claramente”.

Por otra parte, el mercado está en alerta ante posibles nuevas intervenciones de las autoridades japonesas. La ministra de Finanzas japonesa, Satuki Katayama, reiteró que ella y otros funcionarios pueden tomar medidas apropiadas en el mercado de divisas en cualquier momento. Jun Mimura, el máximo responsable de divisas, no repitió este mes las usuales posiciones del ministerio, incluyendo el estar “listos para actuar con decisión” (referencia a intervención).

Recientemente, Katayama también instó a grandes fondos de pensiones, entre ellos el Fondo de Inversión en Pensiones de Gobierno (GPIF), a aumentar las inversiones en activos domésticos. Aunque sus palabras impulsaron momentáneamente al yen, los inversores dudan que la moneda pueda recuperarse sostenidamente si no hay cambios en la política fiscal y monetaria.

Cabe destacar que, ante la persistente debilidad del yen y la respuesta más reservada del gobierno japonés, algunos especialistas del mercado especulan que la caída podría ampliar su escala. Jesper Koll, director ejecutivo de Monex Group y Calvin Yang, gestor de cartera de Blue Edge Advisors, aseguran que si el Banco de Japón sigue rezagado y no endurece oportunamente la política monetaria, no es descartable que el yen alcance 200 por dólar o incluso menos, un escenario antes impensado que ahora constituye un riesgo de mediano plazo aunque sigue siendo extremo.

Además, T. Rowe Price, con activos por 1,89 billones de dólares, considera que 169 yenes por dólar sería el peor escenario. Mizuho Bank fija el límite en 170 yenes por dólar y el Grupo Financiero Sumitomo Mitsui, el segundo banco más grande de Japón, proyecta un posible panorama de 180 yenes por dólar en los próximos años.

Los operadores creen que las reiteradas advertencias del gobierno japonés respecto a tomar medidas decisivas contra la depreciación del yen difícilmente alivien la situación a largo plazo. Muchos inversores estiman que, aunque el gobierno japonés intervenga para sostener el yen, el efecto será solo temporal, pues la lentitud en subir tasas para frenar la inflación se considera un factor estructural de debilidad prolongada.

Intervención cambiaria, solo un paliativo

Desde mayo, el yen ha continuado depreciándose contra el dólar, apenas un mes después de la última intervención oficial. Entre el 28 de abril y el 27 de mayo, tras la ruptura de los 160 yenes por dólar, el gobierno japonés destinó un récord de 11,73 billones de yenes a la intervención cambiaria. Igual que en 2022 y 2024, estas medidas solo aliviaron temporalmente la caída, volviendo el yen rapidamente a una tendencia de largo plazo hacia la depreciación.

Los análisis indican que el mercado se está volviendo insensible a los métodos de intervención convencionales, pues mientras el diferencial de tasas entre EE.UU. y Japón no se reduzca de manera sustancial, la intervención “solo funciona como remedio transitorio”. Esta situación llevó a algunos inversores a ampliar su posición corta en yenes, pese a saber que las autoridades japonesas pueden recurrir en cualquier momento a reservas por hasta 1,09 billones de dólares para sostener al yen.

¿Por qué la intervención no logra revertir la debilidad del yen? En el fondo, las fuerzas detrás de la depreciación no provienen de “ataques de especuladores”, sino de la confluencia de tres factores estructurales de largo plazo.

Primero, el abismo del diferencial de tasas entre EE.UU. y Japón es casi insalvable. El conflicto en Oriente Medio provocó una dramática reversión en las expectativas de tasas de la Reserva Federal —a principios de año se esperaba una baja, pero ahora los operadores consideran posible una subida hasta finales de 2026. Por contraste, aunque el Banco de Japón avanza lentamente hacia la normalización, la brecha de tasas sigue en niveles históricamente amplios, la principal razón macroeconómica de la presión sobre el yen.

Segundo, el shock energético expone la vulnerabilidad estructural japonesa. Como uno de los mayores importadores de energía del mundo, Japón depende enormemente del petróleo de Oriente Medio. El conflicto entre EE.UU. e Irán interrumpió el tránsito por el estrecho de Ormuz y disparó los precios del crudo; esto, sumado a la depreciación del yen, genera una presión de “doble inflación importada”. Esta inflación de costes no solo no estimula el consumo, sino que erosiona las utilidades corporativas y la capacidad de compra de los hogares.

Tercero, la lentitud del Banco de Japón está agotando la paciencia del mercado. Con la inflación por encima del objetivo de 2% durante varios meses, el mercado opina que el ritmo de alzas de tasas es “demasiado cauteloso”. Además, la restricción más invisible pero clave para que Japón suba las tasas proviene del ámbito político. Sanae Takaichi continúa con la preferencia política de “Abenomics”, defendiendo la permanencia de entornos fiscales y monetarios expansivos, convencida que bajas tasas y políticas laxas son la “única medicina” para la economía japonesa, rechazando tajantemente las subidas de tasas.

Por estos motivos, las medidas de intervención japonesa solo modulan el ritmo de depreciación del yen, pero no logran revertir la tendencia. Solo si la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y otros grandes bancos detienen o revierten sus expectativas de alzas, y el Banco de Japón acelera subidas y deja de comprar bonos, la intervención podría obtener resultados sostenibles.

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Descargo de responsabilidad: El contenido de este artículo refleja únicamente la opinión del autor y no representa en modo alguno a la plataforma. Este artículo no se pretende servir de referencia para tomar decisiones de inversión.

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