Cómo funcionan los puentes entre blockchains y por qué son tan hackeados
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Espacio patrocinadoCada blockchain funciona como un mundo cerrado. Ethereum no puede leer lo que ocurre en Solana, y Solana no puede ver lo que pasa en Bitcoin, porque cada red mantiene su propio registro y no reconoce el de las demás.
Esa incomunicación, que es una consecuencia natural de cómo están diseñadas, choca con una necesidad muy concreta del usuario: mover valor de una cadena a otra. De ese choque nacen los puentes, las piezas que conectan blockchains que, por sí solas, jamás podrían entenderse. Son tan útiles como frágiles, y entender por qué es clave para moverse en un ecosistema cada vez más repartido entre muchas cadenas.
Por qué un token no puede simplemente cambiar de cadena
La primera idea que conviene desarmar es la de que un activo «viaja» de una red a otra. En realidad no se mueve nada: un token que vive en Ethereum no puede existir fuera de Ethereum, porque su registro está anclado a esa cadena y solo esa cadena lo reconoce.
Lo que hace un puente es simular ese movimiento mediante un mecanismo ingenioso. Bloquea el token original en un contrato de la cadena de origen, un actor externo vigila que ese bloqueo ocurrió, y un contrato en la cadena de destino emite una copia equivalente uno a uno del activo. Esa copia, llamada token envuelto, es la que circula en la nueva cadena, y cuando el usuario quiere volver, se quema la copia y se libera el original.
Todo el sistema descansa, entonces, sobre una pregunta aparentemente simple pero decisiva: ¿quién garantiza que el bloqueo en una cadena y la emisión en la otra se correspondan de verdad?
El eslabón más débil del ecosistema
Ahí aparece la vulnerabilidad estructural de los puentes. La seguridad de cada blockchain por separado puede ser altísima, pero el puente vive en el medio, y su solidez depende de ese componente que verifica los mensajes entre ambas cadenas, que casi siempre es mucho más simple que la fortuna que custodia.
Los investigadores de seguridad suelen describir a los puentes como agregadores de confianza, porque combinan en un solo punto los riesgos de todos los sistemas que conectan. El fallo rara vez está en la criptografía de las cadenas subyacentes, sino en ese paso de verificación intermedio donde se concentra un valor enorme detrás de una comprobación más débil de lo que debería.
El resultado de esa arquitectura es contundente en las cifras. Desde 2022 se han robado más de 2.800 millones de dólares a través de exploits de puentes, que durante años han representado la mayor parte del dinero sustraído en todo el sector. Solo en 2022, los ataques a puentes sumaron alrededor de 2.000 millones repartidos en trece incidentes, cerca del 69% de todo lo robado en cripto ese año, según Chainalysis.
Los tres casos que todo el ecosistema recuerda
El más grande fue el de Ronin, en marzo de 2022. El atacante logró hacerse con las claves de cinco de los nueve validadores que aprobaban los movimientos del puente, lo que le bastó para firmar sus propias retiradas y drenar unos 624 millones de dólares en ether y stablecoins. El ataque fue atribuido al grupo Lazarus, vinculado a Corea del Norte, según la designación del Tesoro de Estados Unidos.
El de Wormhole, semanas antes, siguió otra lógica. Una falla en la verificación de firmas permitió al atacante generar 120.000 unidades de ether envuelto en Solana sin haber depositado nunca el respaldo correspondiente, por un valor cercano a los 320 millones de dólares.
Y el de Nomad, en agosto de 2022, fue quizá el más ilustrativo de todos. Una actualización rutinaria dejó por error un valor clave configurado en cero, lo que hizo que el sistema considerara válido prácticamente cualquier mensaje; en cuanto el primer atacante descubrió el fallo, más de trescientas direcciones se lanzaron a copiar el exploit en una rapiña colectiva que vació el puente de unos 190 millones. De esa suma, apenas unos 36 millones se recuperaron después a través de un programa de recompensas.
Por qué las auditorías no alcanzan
Un detalle incómodo une a estos tres casos y a casi todos los demás. Todos los puentes que fueron vaciados habían sido auditados previamente, porque una auditoría es una revisión del código en un momento dado y no una garantía de que siga siendo seguro tras cada actualización, cambio de dependencia o vector de ataque descubierto más tarde.
El problema, además, no quedó en el pasado. En abril de 2026, un ataque a un protocolo de restaking drenó cerca de 292 millones de dólares a través de un puente comprometido, una prueba de que el patrón se repite con una consistencia inquietante porque su raíz es arquitectónica, no un simple error puntual de programación.
No todos los puentes son iguales
La buena noticia es que el nivel de riesgo varía enormemente según cómo esté construido cada puente, y esa diferencia es la que conviene aprender a leer. La distinción central está en su modelo de confianza, es decir, en quién y cómo valida los movimientos.
En un extremo están los puentes que dependen de un grupo reducido de validadores o de una sola firma múltiple, donde comprometer unas pocas claves basta para desatar el desastre, tal como ocurrió en Ronin.
En el otro se ubican diseños que buscan minimizar esa confianza, apoyándose en verificaciones más descentralizadas o en mecanismos que emiten y queman los activos de forma nativa en lugar de custodiarlos en un gran depósito común.
Ninguna solución elimina el riesgo por completo, pero un puente con un modelo de validación robusto y transparente ofrece garantías que uno controlado por un puñado de claves nunca podrá igualar.
Qué mirar como usuario
Para quien opera entre varias cadenas, todo esto se traduce en unas pocas decisiones prácticas. La primera es preguntarse si realmente necesita puentear, porque cada movimiento a través de un puente añade una capa de riesgo que no existe si uno permanece en una sola cadena.
Cuando el puente es inevitable, conviene preferir los más establecidos y auditados, entender qué modelo de confianza emplean y, sobre todo, no dejar fondos guardados dentro del puente más tiempo del necesario.
Los puentes son la infraestructura que hace posible un ecosistema repartido entre muchas blockchains, pero también su punto más expuesto, y moverse por ellos con conciencia del riesgo es lo que separa al usuario prudente del que aprende a golpes.
Descargo de responsabilidad: El contenido de este artículo refleja únicamente la opinión del autor y no representa en modo alguno a la plataforma. Este artículo no se pretende servir de referencia para tomar decisiones de inversión.
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