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La paradoja de la IA: puede cambiar el mundo y aun así estar demasiado cara

La paradoja de la IA: puede cambiar el mundo y aun así estar demasiado cara

CriptonoticiasCriptonoticias2026/08/18 15:33
Por:Criptonoticias

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La inteligencia artificial puede estar reescribiendo la economía mundial y, al mismo tiempo, cotizar a un precio que el mercado difícilmente podrá sostener. Esa aparente contradicción no es un juego retórico, sino el núcleo de un análisis que un grupo de economistas del Banco Central Europeo (BCE) publicó el 17 de agosto en el blog de la institución, bajo un título que ya plantea el dilema como pregunta: ¿entusiasmo racional o la próxima burbuja puntocom?

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La respuesta que ofrecen resulta incómoda precisamente porque no depende de que la tecnología fracase. La infografía que acompaña a este análisis resume en un vistazo la cadena de transmisión que inquieta al BCE, y lo que sigue va un nivel más abajo.

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Qué advierte realmente el análisis

Conviene ser preciso con la fuente, porque de ella depende el peso de la advertencia. Se trata de una entrada de blog firmada por cinco investigadores del BCE -entre ellos Malin Andersson, Stefano Corradin y Kalin Nikolov- cuyas opiniones, según la propia nota, no representan necesariamente la posición oficial del banco ni del Eurosistema.

No es, por tanto, una previsión institucional, sino un ejercicio analítico apoyado en la investigación económica sobre revoluciones tecnológicas pasadas. De ese cuerpo de evidencia extraen lo que llaman una conclusión preocupante: una corrección de las valoraciones bursátiles actuales es probable, aunque su momento exacto sea imposible de anticipar y solo se reconozca, como suele ocurrir, en retrospectiva.

El matiz decisivo es que los autores no necesitan afirmar que existe una burbuja para justificar el riesgo, porque su tesis se sostiene incluso en el escenario en que las valoraciones de hoy sean plenamente racionales.

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Por qué una tecnología puede acertar y su precio equivocarse

Aquí está la segunda capa del argumento, y la investigación que cita el BCE ofrece dos explicaciones complementarias. La primera es racional: cuando irrumpe una tecnología transformadora, la enorme incertidumbre sobre su productividad futura puede justificar precios muy altos, porque el potencial alcista es difícil de acotar.

Que las acciones de Nvidia se hayan multiplicado por veinte desde 2022 responde a esa lógica de «valor de opción», en la que los inversores pagan por la posibilidad de que la empresa se convierta en el próximo gigante dominante.

El problema aparece a medida que la tecnología se generaliza. Mientras la IA es un experimento acotado, su fracaso solo dañaría a unas pocas compañías y el riesgo puede diversificarse, pero cuando se vuelve omnipresente ese mismo riesgo pasa a afectar a toda la economía y ya no puede repartirse, de modo que los inversores exigen una prima mayor por asumirlo.

Históricamente, ese aumento de la prima de riesgo tiende a imponerse sobre la mejora de los beneficios, salvo que el crecimiento de las ganancias sea excepcionalmente fuerte, y por eso los precios pueden caer aun cuando la tecnología triunfe.

La segunda explicación, conductual, añade el factor humano: el optimismo excesivo empuja los precios más allá de los fundamentos y, cuando se enfría, la caída suele ser todavía más brusca.

La historia como espejo

El BCE no inventa el patrón, lo encuentra en el ferrocarril del siglo XIX, en la electricidad y la radio de los años veinte y en Internet de los noventa: en cada caso una innovación genuina atrajo capital y disparó la valoración de las empresas que la adoptaron antes de una corrección severa.

Los datos actuales invitan a la comparación, porque la valoración del mercado estadounidense medida por el ratio CAPE de Shiller se sitúa cerca de su máximo histórico, y los Siete Magníficos llegaron a representar en junio cerca del 35% del S&P 500, el nivel más alto en la historia del índice y muy por encima del récord previo, próximo al 26%, del pico puntocom de 2000.

Con todo, los autores introducen una diferencia relevante para Europa: el tejido tecnológico de la eurozona parece más sólido que entonces, con productividad y márgenes al alza y una inversión digital que en la última década creció más del triple que el PIB, mientras la bolsa europea, dominada por valores de la «vieja economía», muestra menos euforia y, por tanto, menor riesgo de un colapso propio.

La exposición europea y lo que tendría que fallar

Esa aparente tranquilidad se desvanece por dos vías. La primera es la correlación, ya que los mercados europeo y estadounidense se mueven históricamente al unísono y una caída en Wall Street no dejaría indemne a Fráncfort.

La segunda es la exposición directa: los hogares de la eurozona acumulan alrededor de 440.000 millones de euros invertidos en tecnológicas estadounidenses, en su mayoría a través de fondos y ETF de bajo coste y muchas veces sin ser conscientes del riesgo de concentración que asumen, mientras aseguradoras y fondos de pensiones mantienen exposiciones igualmente significativas, que Reuters describe como aproximadamente similares.

La propia estructura de fondos actúa como canal de contagio, porque una corrección brusca puede forzar ventas para atender reembolsos, presionar aún más los precios y desencadenar nuevos reembolsos.

Que ese riesgo se materialice dependerá de si los beneficios llegan a la altura de las expectativas: las cuatro mayores hyperscalers -Amazon, Alphabet, Meta y Microsoft- proyectan cerca de 725.000 millones de dólares de inversión en 2026, un 77% más que el año anterior, y el mercado ya empieza a preguntarse cuándo ese gasto se traducirá en ganancias.

Si el crecimiento de los beneficios no compensa la creciente prima de riesgo, la corrección que describen los investigadores deja de ser una hipótesis histórica, y a diferencia de comienzos de siglo hoy queda mucho menos margen para bajar tipos o activar el gasto público que amortigüe el golpe.

De ahí que el debate haya cambiado de naturaleza. Ya no se discute si la inteligencia artificial importa -importa, y mucho-, sino cuánto de ese futuro extraordinario está ya descontado en los precios de hoy. Una burbuja, al fin y al cabo, puede equivocarse en el precio sin equivocarse en la tecnología.

-Nyria

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Descargo de responsabilidad: El contenido de este artículo refleja únicamente la opinión del autor y no representa en modo alguno a la plataforma. Este artículo no se pretende servir de referencia para tomar decisiones de inversión.

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